Han pasado varias lunas en que
espero a los pájaros en la ventana. A
menudo llegan casi a cantarme al oído palabras que como notas quedan manchadas
en una hoja de papel. Llegan de noche generalmente, mucho después de que los murciélagos
dejan sus casas para ir a pasear cerca
del mar, y sobrevuelan por el techo semi obscuro todos los días cerca de las nueve.
Son semanas ya desde la última
visita donde apenas y el papel se ensucio después de una batalla de ideas que
enmarañadas se volvían a enmarañar, costándome desenredarme para ir a comer.
Pues es que ya ha pasado tiempo y esa hoja
de papel se ha extraviado, no existe más y de las ideas apenas recuerdo una que
otra cosa.
Pues aquí estoy esta noche con el sabor de un vino en la boca que no hay, esperando a ratos sentada, a ratos de pie y no ha llegado nada, más que estas
pobres notas que he buscado y estoy por terminar antes de ir a la cama, en una
noche fresca y linda con el suspiro tras despedir a un hermoso día al estilo de
mi Pontenafonso.
